Dicen que recordar es volver a vivir. Y cuando lo conocí no pensé que iba a quererle para algo más que una de ésas bonitas amistades que se tienen cariño. Me repetí muchas veces a mí misma que no debía, por puros prejuicios arraigados a mí por otras personas. Tiempo después me di cuenta que muy fácilmente podía conversar con él hasta la madrugada sin sentir el tiempo, me di cuenta que me hacía reír como nadie nunca lo había logrado. Traté de evadir el sentimiento que me provocaba y quise evadir el quererle pero me fue difícil, porque me hacía reír con sus chistes y ocurrencias y en una de ésas tantas llamadas que duraban horas y los mensajes de buenos días, y ver quién llamaba o quién reclamaba no haber llamado y luego para ver quién extrañaba. Y entre juego y juego, ése juego tan lindo que le precede a querer a alguien, y después de pensar que el amor no era para mi, pasó, ahí estaba yo, desarmada e inevitablemente QUERIÉNDOLO. Queriéndolo para que me escribiera todos los días. Pa...
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